Reflexión | Naturaleza

¿Qué es lo que nos llama a mirar nuestras almas y salir a contemplar las estrellas? El sonido de las olas, el agua que moja nuestro cuerpo y el canto de los cabos contra el viento. A veces necesitamos salir de nuestras capitales, quintas del dinero, junglas de cemento que no tienen sentido para sacar esas neuronas llenas de estrés y darles todo tipo de emociones. Apuntamos a los pilotes, a la montaña más cercana, la costa que se aleja, y a pesar de que el campo nos pueda rodear desactivamos el plug in y nos ponemos en modo avión. Recostamos la cabeza, las turbinas gritan, se hablan otros lenguajes y estiramos los pies. Esto que parece un dadá, una pintura extraña se mezcla en el inconsciente y  en los sueños, como arena con el agua, como el barro del Río de la Plata Argentino con el Río Uruguay.

Recuerdo ver a mi padre  subirse a una tabla BIC, mover la botavara, virar, orzar, derivar en la boca del Río San Juan y hacer bordes a fondo, a toda velocidad. El sudoeste se mezclaba con los bajos y los veleros varados, las rayas que escapaban de los pies y a lo lejos Conchillas. No había kitesurf, sólo windsurf, era el lugar perfecto para poner una chocita, prender un fogón y comer sólo de la pesca. Bogas, tarariras y tal vez alguna víbora que se enganchaba al cruzar de una costa a otra. De noche se podían ver las luces de la Boca y desde cerca el canto, semejante a un lamento nocturno, de los ciervos. Esa tabla me permitió remar mucho, al ser liviano, estimo haber pesado 30 k, podía sentir la corriente y como un nativo más, meterme entre los juncos para dejar la boya y el gran anzuelo con el objetivo de pescar un Dorado.

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Hoy la naturaleza me devuelve esos recuerdos, en invierno, primavera y verano, estas costas que los argentinos no cuidamos, usualmente se ven sucias y con transmayos que derivan; estiro la vela, muevo el tangón y con paciencia me tomo un mate esperando alguna racha de viento. Se siente el frío y la humedad y a la vez, en ese horizonte, las ganas de sentir la adrenalina de una tabla. En el Paraná de las Palmas, con mis hermanos, desatábamos el gomón y acelerábamos a fondo el Mercury pata larga (mi padre prefería que la corta para evitar un accidente); una vez que nos dejábamos llevar por esa corriente peligrosa, sin noción del extremismo, sacábamos la tabla de fibra de vidrio, que hacía de aciento y uno de nosoteos, enganchábamos un cabo y nos tirábamos al agua. Acto seguido, el gomón empujaba y barrenábamos las olas a favor del viento. Los areneros pasaban cerca, alguno tocaba corneta, otros nos ignoraban. Era la hora de la siesta y tres varones pecosos por el sol se reían por su “salvajismo”. El ADN influye mucho, esa locura irlandesa se nota en algún aspecto. De nuevo, la madre tierra nos abrazaba de algún modo para protegernos.

RíoDeLaPlata ClubKiteLatam

¿Cuántas veces intentamos limpiar nuestras costas?, ¿lagos, lagunas?, ¿cuántas veces vimos basura, botellas de plástico, trapos? Lo decimos connotativamente, nos quejamos pero no hacemos nada. De pequeños ella siempre nos cuidó, de grandes se sorprende por nuestra falta de responsabilidas. Esta pintura que trato de describir, basada en mis memorias que no muchos me van a entender, pero algunos van a asimilar con su niñez me aulla este tema. De una reflexión que puede parecer romántica, hasta poética, nos olvidamos que vivimos el momento pero no nos atrevemos a contribuir, tal vez en algunos aspectos, a que nuestros descendientes puedan tener un futuro limpio. Qué nos lleva a actuar de esta manera, qué es lo que nos choca, que nos aqueja y que literalmente dejamos de lado por que nos incomoda.

Hace poco pude ver GIVEN en Netflix, los últimos videos de Patagonia Inc. sobre Fair Trades, y veo siempre que se comunica lo mismo, que concientizar está de moda pero que pocos se mueven para luchar contra la contaminación.

Tal vez falta valentía, adentrarnos en la entriopía y salir de este consumismo exitista que lo único que quiere es que mostremos nuevos productos y exhibirnos como maniquíes. El tener más se puede disfrutar pero no es el centro de todo. La naturaleza nos necesita desde hace tiempo, nos quedamos con las pantallas, con la masividad de la comunicación, altos volúmenes de compras, necesidades innecesarias y  hacemos catársis con lo que está a nuestra vista. De ella nacimos, hacia ella vamos, en ella morimos. Di de ella disfrutamos, de sus vientos, tormentas, entonces le debemos mucho más de lo que pensamos. Tal vez debamos comunicarlo de una forma; usar el agua justa, reciclar de formas adecuadas y mostrar la importancia de estas enseñanzas. Espero haberlos convencido, lo único que quiero es que sus corazones dicten estas palabras y las hagan conocer de algún modo.  Con ella somos parte del arte, de la experiencia, de un modo de vida. Con ella nos sentimos vivos; con ella somos lo que somos, seres humanos que queremos vivir y expresarnos como podamos.

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